El deterioro de activos es uno de los aspectos que pueden requerir especial atención durante el cierre del ejercicio. Cambios en el mercado, resultados inferiores a los previstos, obsolescencia o modificaciones en el uso de determinados activos pueden generar señales de que su valor registrado ya no refleja adecuadamente su capacidad de generar beneficios económicos.
Identificar estas situaciones oportunamente contribuye a que los estados financieros presenten información razonable sobre la situación económica de la empresa. Por ello, el análisis no debería limitarse únicamente a verificar los importes registrados, sino también a evaluar las circunstancias que podrían haber modificado su valor.
¿Qué implica el deterioro de activos?
De acuerdo con la NIC 36 – Deterioro del Valor de los Activos, existe deterioro cuando el importe en libros de un activo supera su importe recuperable.
En términos prácticos, significa que una empresa mantiene registrado un activo por un valor superior al que podría recuperar mediante su utilización o venta.
Esta situación puede presentarse en activos como inmuebles, maquinaria, equipos, activos intangibles y otros comprendidos dentro del alcance de la norma.
El reconocimiento del deterioro permite ajustar el valor contable cuando las condiciones económicas o empresariales muestran que las expectativas consideradas inicialmente han cambiado.
¿Cuándo corresponde evaluar el deterioro de activos?
Al cierre de cada periodo, la empresa debe evaluar si existen indicios de que alguno de sus activos podría haber sufrido deterioro.
Esto no significa necesariamente que todos los activos deban someterse al mismo cálculo cada año. La evaluación comienza identificando circunstancias que puedan evidenciar una posible pérdida de valor, considerando información tanto externa como interna.
Sin embargo, existen determinados activos para los cuales la NIC 36 establece pruebas de deterioro anuales, independientemente de que existan indicios. Entre ellos se encuentran los activos intangibles con vida útil indefinida, aquellos que todavía no están disponibles para su uso y la plusvalía adquirida en una combinación de negocios.
Por ello, durante el cierre contable, resulta importante distinguir entre los activos que requieren una evaluación ante la existencia de indicios y aquellos sujetos a una comprobación anual obligatoria.
Señales externas que pueden indicar un deterioro
Algunas circunstancias se originan fuera de la organización y pueden modificar las expectativas asociadas a un activo.
Una disminución significativa de su valor de mercado, por ejemplo, puede indicar que el importe registrado contablemente requiere una evaluación adicional. Lo mismo puede ocurrir cuando se producen cambios adversos relevantes en el entorno tecnológico, económico, legal o de mercado en el que opera la empresa.
Asimismo, determinadas variaciones en las tasas de interés u otras tasas de mercado pueden afectar las tasas utilizadas para descontar los flujos futuros y, como consecuencia, modificar el importe recuperable de los activos.
Estas señales no implican automáticamente que exista una pérdida por deterioro, pero sí pueden generar la necesidad de realizar una evaluación más detallada.
Señales internas que requieren atención
La propia operación de la empresa también puede proporcionar evidencia sobre una posible pérdida de valor.
El deterioro físico de una maquinaria, la obsolescencia de un equipo o un cambio importante en la manera en que se utiliza un activo son ejemplos que deberían analizarse durante el cierre.
También pueden existir señales relacionadas con el desempeño económico. Si un activo o una unidad de negocio genera resultados considerablemente inferiores a los proyectados, presenta pérdidas recurrentes o sus flujos de efectivo son menores a los previstos, podría ser necesario revisar las estimaciones que sustentan su valor de activos registrado.
La información presupuestaria, los reportes de gestión y las proyecciones financieras pueden aportar evidencia relevante para identificar estos casos.
¿Cómo se determina si existe deterioro?
Cuando se identifican indicios, corresponde determinar el importe recuperable del activo. Según la NIC 36, este corresponde al mayor entre su valor razonable menos los costos de disposición y su valor en uso.
El valor en uso considera, entre otros elementos, las estimaciones de los flujos de efectivo futuros que se espera obtener del activo y su actualización a valor presente.
Si el importe recuperable resulta inferior al importe registrado en libros, existe una pérdida por deterioro de activos que debe reconocerse de acuerdo con los criterios establecidos por la normativa contable aplicable.
Este análisis requiere especial atención sobre las estimaciones utilizadas. Proyecciones de ingresos, márgenes, crecimiento, tasas de descuento y otros supuestos pueden influir de manera significativa en el resultado de la evaluación.
Impacto del deterioro de activos en los estados financieros
Reconocer una pérdida por deterioro no representa únicamente un ajuste sobre una cuenta del activo. Dependiendo de su magnitud y naturaleza, puede tener efectos sobre los resultados del periodo y determinados indicadores utilizados para evaluar la situación financiera de la empresa.
Por ejemplo, una reducción relevante en el valor registrado de determinados activos puede modificar la rentabilidad reportada, la composición patrimonial o algunos ratios financieros.
Por ello, omitir o retrasar el reconocimiento de un deterioro cuando corresponde puede ocasionar que los estados financieros presenten activos por importes que no reflejan adecuadamente su capacidad de recuperación.
También resulta importante mantener documentación suficiente sobre los criterios, fuentes de información y supuestos empleados. Las estimaciones contables significativas pueden convertirse en áreas de especial atención durante una auditoría financiera.
La importancia de revisar estas estimaciones al cierre
El cierre del ejercicio es una oportunidad para contrastar las estimaciones contables con la realidad actual del negocio.
Una maquinaria que continúa operativa no necesariamente conserva la capacidad económica originalmente prevista. De la misma manera, un activo intangible registrado contablemente puede verse afectado por cambios tecnológicos, comerciales o estratégicos.
Por ello, la evaluación del deterioro de activos debe considerar información actualizada y coherente con las condiciones existentes a la fecha de cierre.
La gerencia y las áreas responsables de la información financiera deben revisar si existen señales que justifiquen un análisis adicional, sustentar adecuadamente las proyecciones utilizadas y conservar evidencia de las evaluaciones realizadas.
Más que un ajuste propio del cierre, esta revisión contribuye a que los estados financieros representen de manera adecuada la situación de los activos y proporcionen información útil para accionistas, gerencia y otros usuarios.
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